Llegará


Eh, frena. Un poco más despacio por favor. Ven, siéntate. Piensa. ¿Qué tal te va? Parece que no tan mal como esperabas. Déjame decirte que no ha sido una pérdida de tiempo. Va a ser verdad eso de que toda pasa, que todo llega y que siempre aprendes en el camino. 

Recuerda cuando tus labios estaban llenos de no puedos. ¿Cuantas veces has querido ser invisible? ¿Cuánto te has odiado? Que poco has confiado en ti. Y cuánto han confiado ellos en ti. Pero tú siempre veías el lado negativo. 

Ellos, fiel pilar. Esa pausa para recobrar el aliento. Un lugar al que siempre podrás regresar. Un puñado de sonrisas y abrazos. Silencios reparadores. Brazos que te ayudan a levantarte, que acarician tu espalda y espantan los monstruos que te atormentan una y otra vez. Ellos, hogar.

Y ahora mírate, te has convertido en una guerrera. Gracias a ellos, pero sobre todo gracias a ti. A tus luchas internas. A tu esfuerzo. A tu perseverancia. A darte golpes contra la pared consiguiendo ser capaz de encontrar el camino correcto. Sé que has llorado, mucho, pero dime ¿quién puede contigo ahora? Dime quien te para los pies cuando te propones algo. 

Y ahora por favor, disfruta. Quiero que vuelvas a tu vida. Quiero ver el sol rozar tu piel. Quiero que disfrutes leyendo un libro, tomándote un café sentada bajo un árbol. Quiero que tengas tiempo para ti. Quiero verte reír entre cervezas, ginebras y buena compañía. Quiero que te vuelvas a pintar los labios, de morado por favor. Quiero verte bailar. ¿Sin tacones? No importa, ya sé que luego te duelen los pies. Quiero verte brillar. Venga, permítetelo. Te lo has ganado. 

Sigue haciendo las cosas con el corazón y siempre ganaras.

La próxima vez sera con el pijama gris, al fin.

Con mucho sudor aprendí que el quitagrapas no está hecho para zurdos y que finalmente tendría que sucumbir al maldito mundo de los diestros. Se me escapo una lagrima cuando finalmente logre canalizar mi primera vía. Quien me diría que terminaría pinchandolas de rodillas. Se que aunque me ofrecieses todas tus venas y me sonrieras, me odiaste cuando tu vena frágil se rompió, pero te aseguro que yo me odie más. Las gasometrías arteriales consiguieron ser nuestro calvario, porque tu arteria se escondía y tu hueso siempre venía a saludarme. Has visto en mi cara como me dolía hacerte daño e incluso has llegado a preocuparte porque yo no me sintiera mal.
Te calente el desayuno cuando volvías de esa prueba del punto de la mañana, que para variar llevaba retraso. Te ayude a comer cuando tu cuerpo frágil apenas lo permitía. Me has querido emparentar con tu nieto o con tu hijo. Y me has metido caramelos y bombones en los bolsillos porque yo no quería cogerlos. Todas las mañanas.Te he tenido que recordar tres veces cada día donde estábamos y cómo me llamaba.
Me he mareado al ver el primer parto. Me he emocionado al ver nacer a tu bebé y se me ha caido el alma al suelo cuando las cosas se torcian. He sido la maldita persona que le ha dado su primer pinchazo y que por ello le ha hecho llorar desconsoladamente. He reído contigo cada vez que me pedias perdon porque me apretabas la mano demasiado fuerte, pero esas contracciones eran lo peor del mundo. Y también te he visto llorar cuando perdias de manera involuntaria a tu bebé tan esperado y la pena se ha venido conmigo, a acompañarme a pensar.
He dado a tus hijos jeringas para que te mojen mientras realizaba tu control rutinario en la consulta. Te he enseñado cómo cuidar tu diabetes aunque tras mucho insistir sabía que te darias algun “caprichico”, que una vez al año no hace daño.
He cuidado tu salud mental y me he sumido completamente en vuestro mundo. He aprendido a no juzgarte y a entenderte. A no generalizar y a conocerte, para poder tratarte.Te he ayudado a integrarte en una sociedad que te planta muros difíciles de derruir. Con tu depresión mayor, externo al mundo y las relaciones interpersonales, he logrado que me miraras a los ojos y me sonrieras. Y juro que jamás he sentido una satisfacción tan grande. He llorado con las notas de despedida que me escribisteis y que guardo con gran cariño.
Te he administrado tu primera quimioterapia. Me he quedado acompañandote y explicandote todo el proceso. Me he sentado contigo a hablar de lo efímera y bonita que es la vida. Y de lo que muchas veces te quita. He tenido que contener las lágrimas cuando me transmitias el miedo que te daba que tus hijos te vieran sin pelo. Se me ha encogido el corazón cuando tu enfermedad progresaba. Y me llenaba de alegría cuando el tratamiento funcionaba.
He corrido al ver que tu respiración se paraba y he utilizado el ambú repitiendome a mi misma que todo iría bien, dandote animos para quedarte.También te he visto marcharte, te he visto apagarte poco a poco. Hasta que finalmente te marchaste, y yo te miraba con la falsa esperanza de que volverías. También me he despedido de ti cuando te daban el alta hospitalaria y tú me deseabas los mejores puestos de trabajo del mundo.

Cerveza y Rock & Roll, imparables.


Como te lo explico, como te lo cuento. El maravilloso milagro que supone caerse y levantarse entre acordes. Cala profundo en la sangre.

Una dulce introducción al caos. A tu maldito caos. Remueven esos corazones de mimbre y sanas las heridas del Rock & Roll. Remachan sonrisas de hierro, de esas que disipan las brumas. Y devuelven lo perdido, lo que parecía haberse roto para siempre.

Son como gritos que nadie podrá callar jamás. Y es que la voz no hay quien la pare, ni rejas ni paredes. Algo que no podrán matar. La voz de los que no nos conformamos con esta mierda. De los que jamas dejaran de luchar. Que en tus pensamientos nadie gobierne. ¡La vida esta llena de perros verdes!

Y te preguntas porque te llaman loco, ¿sera por no creer en na? ¿por no entender tan solo un poco los intereses que en todo hay detrás? Loco, loco... Porque cuantos más pasan los años mas me aparto del rebaño.

Lo que te da ganas de mandar a la mierda la primavera y que te hace recordar cada mes de abril y los jodidos lunes de octubre. Y al final, ¡todos los días sale el sol chipiron!

Y es que aquí valen mas los sueños que el dinero y se prefiere ser mendigo que madero. No dejes que me duerma, que esta noche me las piro. ¿A que? A enseñarle los dientes al mundo contigo. Y contigo. Y contigo.

Y que ojala la suerte roce tu corazón, aunque suenen sus muelles. Aunque por verle sonreír hayas vuelto tu a perder. Por mucho que te mate, a gatas vuelves a nacer. Y de nuevo ama, ama y ensancha el alma.

Ante todo con la sonrisa despeinada, de ir en contra de los vientos.


Cerveza y Rock & Roll, imparables. Podrán cortar todas las flores pero no podrán detener la primavera.


"Y esta palabra, este papel, escrito por las mil manos de una sola mano, no queda en mi ni en vosotros, ni tampoco sirve para sueños. Cae a la tierra, y allí se continua, pero no como mera palabra en papel escrito, sino como una sucesión de sonidos del corazón. Llamadlo música si queréis. Y cuando la música se termina, los bailarines nos miramos como si estuviésemos desnudos, y ahí decidimos si merece la pena seguir tocándonos, o si solo fuimos meros objetos del infinito equilibrio universal de los planetas. Hasta siempre."

Kutxi Romero.






Que lo que tenga que volver, volverá. Y lo que no, dolerá durante un ratito más. Pero cicatrizara.



“Me balanceo en hilos de coser, estoy a punto de caer. Apuras el café, apartas el diario y te vas. Agarras calendarios y te mientes, y al romperlo pretendes al tiempo engañar.” María Rozalen.
  

Parece que los astros le han jugado una mala pasada. La mayor parte del tiempo lo pasa a ras del asfalto. Con las rodillas magulladas y arañadas, de tanto arrastrarse para seguir sobreviviendo. Después de tantas caídas sin freno, a una velocidad abominable, desde tanta altura se sigue preguntando como todavía le quedan huesos sin partir. Como es capaz de con tiempo y sangre fría recomponer cada uno de los pedazos de sus órganos. O lo que queda de ellos. 

Los años, en realidad, los daños le han creado una coraza demasiado fuerte de cara al exterior. Cuenta la leyenda, que de vez en cuando la deja guardada en un cajón, por un tiempo efímero. Cuando siente que le flaquean las fuerzas, con su conducta evitativa que la caracteriza, vuelve corriendo a recogerla. A atarsela con cadenas. Mas fuerte todavía. Dicen que es demasiado precabida. También se rumorea que se rompe en mil pedazos, que en realidad es ella la que se autodestruye.

El muro cada vez es más alto, ni tan siquiera un ejército será capaz de demolerlo. Tras tanto martillazo contra el por fin lo ha comprendido. Cada golpe, pesa más. Múltiples escalofríos sin una razón aparente. Dicen que el sol empieza a asomar. Pero quizás, tal vez, el invierno constante en la piel sea lo que a ella más la caracteriza. 

Es demasiado arriesgado asomarse a unos precipicios tan vertiginosos e incomprensibles. Y del orgullo mejor ni hablamos. Se ha tirado por la borda. Se ha suicidado. Al igual que es un acto prácticamente suicida el confiar. O tal vez no. Quién sabe.  

Y es que la vida, al fin y al cabo es eso. Contradicciones. Una espiral enfermiza. De angustia. De silencio. De vacío. De mediocridad. Y de pequeñas motas de luz. Y de alegrías. 

Dicen que cuando ríe, es de verdad. Que lo hace todo con el corazón. Que siempre se enzarza en eternas discusiones con su maldito cerebro. Cuando da algo, lo da todo. No existen los intermedios en su vida. Que quizás por eso esta tan rota. Pero le da igual. Cuando vive, lo hace de verdad. A veces es cobarde, a veces valiente. Y es suficiente. 

Que lo que tenga que volver, volverá. Y lo que no, dolerá durante un ratito más. Pero cicatrizara.

Atardecer de primavera, café y un buen libro.



Todo lo que se sobre la vida podría contártelo un atardecer de primavera cualquiera. En una terraza con buenas vistas, con vistas a todo lo que el ser humano está destrozando. Con un café bien cargado de ilusiones, como las hojas que florecen en el árbol más cercano. Y con un buen libro entre las manos. Sería capaz de dejar de leer solamente para contarte todo lo que me enseñaron los libros que han hecho que mis ojos se tornaran llorosos, la música que inundo todos y cada uno de mis poros y las experiencias vividas. Con el corazón y no con el cerebro que nos suele frenar. 

Sé que todos y cada uno de nosotros tiene una fachada. Y que con el paso del tiempo y de las circunstancias, los muros que rodean nuestras fortalezas se hacen inquebrantables. Y también que llegará alguien y tú te preguntaras que quien coño se cree al intentar derrumbar los muros que tantos años llevas construyendo. Y sorprendentemente arrasa con todo. Descompone todos tus cimientos. Rompe todos tus jodidos esquemas, tus yo nunca, tus prejuicios y tus frenos. Acelera tu vida de una manera imprevisible. Y aunque deje heridas profundas en ocasiones, siempre habrá merecido la pena. 

Sé que las conversaciones arreglan vidas, resucitan. Que tenemos que hablar más de las cosas que realmente importan. Que los silencios son los que separan. Callarse es cada vez más inadecuado y peligroso. En varias ocasiones sentirás que has dicho las cosas demasiado tarde. Y que hay cosas que no tienen remedio. Que cuando pierdas el tiempo con gente que no merece la pena entenderás que no siempre el roto y el descosido se llevan bien. Y que pasar el tiempo contigo mismo no es necesariamente una pérdida de tiempo. Al revés, conoces más a la persona que te acompañara de tu cuna a tu tumba. Que deberíamos decir las cosas cuando las sentimos. Y debe darte lo mismo si caes bien, mal o regular. Que si para caer bien a alguien tienes que ser una cosa distinta debería prepararse para aguantar. Y si no es así debes mostrarle caballerosamente donde está la puerta. Cuenta con los principales, a partir de ahí todo es mentira.

Que para seguir adelante deberás tener más sueños que recuerdos. Que es la única manera de seguir vivos. Que si quieres vivir hay que olvidar ciertos sentimientos que te hacen meter los pies en un pozo sin fondo. Y de ahí sí que no hay manera de salir. Arrepentimiento, culpa y preocupación son palabras que deberían desaparecer de este planeta. Que nos deberíamos centrar en conseguir todos y cada uno de los días la curva más bonita que existe. Tu sonrisa.

Si de algo estoy segura es de que vas a sufrir. En el contrato de la vida el sufrimiento está asegurado. De una forma u otra ya que el dolor no es siempre como pensamos. Lo que duele es la ausencia, cuando alguien decide marcharse de tu vida pero no del todo. Lo que duele es la distancia, los abrazos que se pierden. Lo que duele son las vidas de menos, el que alguien se vaya de tu vida, no porque él lo ha decido si no porque algo se lo ha llevado de aquí. Lo que duele es cuidar de los que se quedan, sin saber cómo hacer para que de alguna manera consigan remontar. Lo que duele es todo aquello que dejamos atrás. Lo que duele es que inventen razones, que hagan cosas con el mero propósito de herirte. Lo que duele son las críticas que no tienen nada de constructivas, simplemente como pasatiempos. Y me pregunto ¿Qué sabrán ellos?

Sé que tu peor enemigo va a ser el miedo. Míralo bien. Llegará el día en que tengas que enfrentarte cara a cara con él. Miedo al que dirán, al pasado, al presente. Miedo escénico, miedo a que te hagan daño. Miedo a sufrir, a la oscuridad. Miedo a equivocarse, miedo a enfermar. Miedo a morir.

Que te vas a morir. A ciencia cierta lo vas a hacer al menos una vez. Pero espero que no seas de aquellos que se van muriendo poco a poco antes de hacerlo definitivamente. Que van vagando por la vida como seres inertes. No caigas.