Compañeros de ruta.

  Acojona pensar que la perspectiva que tenías sobre el mundo puede cambiar en tan solo un segundo. Que nada es seguro aquí, que todo es tan incierto…

  Septiembre finaliza, quizás sea hora de despertar. O tal vez mejor de nunca amanecer un domingo de Octubre. Y, la verdad, cada vez me llevo mejor con La Luna. Con las noches en vela, mezcladas con humo. Cenizas. Todo destrozado. Sin remedio. Que el orgullo ha ganado demasiadas veces este pulso. Ese pulso constante conmigo misma. Y contigo.

  En ocasiones la suerte decide colocarse en el bando enemigo y todas mis batallas perdidas se acumulan. Me presionan la cabeza. Cuando no hago más que darme de hostias y ya he perdido la cuenta de cuantas veces he cerrado los ojos con fuerza para volver al pasado. O sencillamente para intentar desaparecer. Y lo único que necesito es que aparezca una mano que me sostenga. Porque aquí, quizás, lo de tener fuerza para volar depende de lo fuerte que sujetes mi mano. Es bonito ver un hombro en el que apoyarte al final del brazo y una sonrisa de complicidad. Porque al fin y al cabo sobrevivimos a base de sonrisas.

  No queráis amigos-muleta para pasar el rato mientras buscáis a “vuestro gran amor”. No os engañéis pensando que echar unos cubatas es lo mismo que poner todas tus cartas sobre la mesa. Probablemente vean tu interior al desnudo, así, tal como es y querrán huir después.

  Hace tiempo aprendí esto y yo quiero compañeros de ruta. Personas especiales con las que compartir mi camino, para hacer esta puta vida un poco más llevadera. Con algo de sensibilidad para saber medir lo que es adecuado en cada momento. Con la valentía de aguantarme. Y joder, es que lo tengo. No puedo pedir más.

  ¿Sabéis lo que es que alguien esboce una sonrisa y que parezca que la tuya va en sintonía con la suya? Eso es lo que provocan algunas personas en mí. Que a veces me pregunto si de verdad me las merezco. Las únicas personas que han sacado de mí las ganas de luchar. Es sentir la obligación de no fallarles, de tenderles la mano yo ahora a ellos. Por esas personas que me han dicho “sonríe” cuando lo que menos he querido era levantar la vista del suelo y he sonreído. Se lo debo.


 Vamos a seguir adelante, por mis cojones. Porque volverá a amanecer, eso es algo que os aseguro. 

Y aquí quedo yo, con mis ruinas. Especialista en maquillar sentimientos.


  Despedidas que destrozan, que dejan vacío. Espacios que por mucho que intentemos auto-convencernos son irreemplazables, siguen ahí, como una espiral viciosa que solamente hace daño. Tiro de nicotina para ahogar mis pensamientos en las noches en blanco, en las que suena el aletorio y de repente la letra de alguna canción que jamás me había parado a analizar parece que es la que me está escuchando a mí. Cuando los gritos ahogados intentan salir de cualquier modo, solamente buscan una vía de escape. Vienen a la cabeza miles de preguntas sin respuesta aparente. Miles de porqués. Personas que siguen aquí, ocupando espacio que han marcado como suyo. Que siguen dentro de ti aunque jamás vuelvan a aparecer en tu vida. Dolor plasmado en forma de leves suspiros y una sonrisa melancólica, la que tanto me caracteriza. Andar por la calle entre desconocidos, eso me hace sentirme más segura. Nadie me conoce, nadie sabe mi historia.

  Y de repente un día comprendí que hay motivos para todo. Hay motivos para seguir adelante pero no existe fuerza. No me queda fuerza. Que la vida es así, sin sentido. Aunque yo siga buscando un sentido. Ese sentido que por las noches me abrace y me susurre que todo irá bien. Que cuando no pueda sonreír coja mi boca y con sus dedos coloque una sonrisa en ella. Como tú lo hacías. Que venga alguien que no solo sepa ver las cicatrices sino que ayude a que sean menos dolorosas. No pido que las cure, solo que las cuide. Que no deje que este pendida de un hilo y además con vértigo al precipicio.
 

  No quiero dejar esto sin hablar de ti, no puedo. Estos días he pensado mucho y he notado como estabas aquí, como todavía me sostenías la mano con fuerza. Con esa fuerza que siempre mostrabas y que a mí me falta cuando recuerdo que nunca volveré a verte, que nunca volveré a estar entre tus brazos y sentirme como en casa. Odio el paso del tiempo, odio que todo tuviera que ser así, que te fueras tan pronto sin la oportunidad de volver. Que yo no me diera cuenta de lo que eso significaba y cada jodido día me arrepienta. Que no pudiera despedirme y que cuando tuve la oportunidad de ver tu cara, pálida esta vez y sin expresión en ella, el miedo se apoderara de mí y me negara a entrar. Puto cáncer. No puedo recordarte así, no quiero. Mi futuro cambio cuando todo ocurrió, hizo que mis sueños cambiaran. Si hoy estoy aquí, estudiando esto, es por ti. Porque en su momento no pude hacer nada, porque ese cabrón no supo detectar lo que había y eso conllevo todo el sufrimiento de después. Te prometo que me dejare la piel, será como si cuidara de ti.

Y aunque creía que no, se sonreír aunque tu no estés aquí.

   Los días siguen empezando con la canción de "Let her go" y un tal vez hoy las cosas cambien. Y terminan con la que salte en el aleatorio de mi móvil a las tantas de la madrugada. No te das cuenta de lo que dejas atrás hasta que te subes a ese tren. La vida tiene sus fases. Hasta que pierdes la noción del tiempo y intentas entender el caos, tu propios caos. Sigo escuchando los gritos y los reproches del pasado. Las palabras que duelen más que una bofetada. Aun puedo sentir escalofríos solo de recordar ciertas cosas, a ciertas personas. No me di cuenta de lo que era hasta que solamente quedaban palabras suspendidas en el aire, dando vueltas, lentamente, que se empeñaban en ametrallar mi cabeza. Es algo que ocurre muchas veces, una persona que estaba en tu vida como un personaje principal pasa a un segundo o tercer plano. Cada día aparece menos en escena y de repente...desaparece. El problema es que hay personas que creen que están por encima de la evaluación continua, que pueden volver cuando les plazca, que hagan lo que hagan, digan lo que digan siempre recuperaran su sitio. Y mira, al final pierden su papel. Porque me he armado de valor y he matado a tu personaje en esta puta historia. Y aunque creía que no, se sonreír aunque tu no estés aquí. Incluso en estos días, que parece que al Sol le han bajado el sueldo y hace huelga.

  Podríais contar mil anécdotas, cualidades, defectos. Pero seguiréis sin haceros una idea de lo que hay detrás, de lo que soy.