No depende de las gafas el paisaje si estas ciego.

Escasean las palabras para definir nuestros sentimientos. Mártires de ellos. Las muecas en mi sonrisa cuando me pongo tierna llevan un tiempo de baja. Rompería tus manías. Yo ataco las bases de tu orgullo cuando te escabulles diciendo que el problema no es tuyo. No somos aptos para el puesto vacante de asumir los actos. A paso de tortuga esto me tortura. Entre broma y broma asoman verdades. Y en las discusiones abundan las mentiras para no confesar ciertas cosas. Y tras terminar la última página de ese libro deduzco que es más lógico “A tu lado y al mío”. Separados. Soledad de la de verdad.  Fechas, metas y multas en un buzón con destino a la incógnita. Una decepción de triunfo confuso o incertidumbre constante. Yo solía creer en las personas. En que de una unión se podía revivir. Noto como la lluvia se da de ostias contra el suelo y yo siento cierta similitud en cuando a lo de golpearme fuerte. Pero al final siempre nos queda la excusa del amor y la incertidumbre del que ocurrirá. No sabemos absolutamente nada. Hay una belleza implícita que nos ha condenado a ser hedonistas y estúpidos.

Pero que hermoso milagro nos ha ocurrido al suicidarnos entre acordes de Rock & Roll, imparable. Cala profundo en la sangre. No repetir los mismos errores seria incluso divertido. Lo importante es conocerte. Por haber encontrado el motivo de seguir vivos ¡y a la mierda con la auto-destrucción. Acabaremos creciendo sin ese algo que nos lo impida.


Y otra vez salvada por la música.

Y se olvidó de reír. Cuentan que era estrella, pero algo acabo con ella.


  Ahora las noches son mucho más frías. Arañan las entrañas. Aeropuertos, estaciones de tren. Unos vienen y otros se van. Y el dolor que esto conlleva. El pánico a marcharse y el miedo a regresar de nuevo al pasado. Los días se escurrían entre los dedos como si estuviera abierto el abismo por el que se nos escapa el tiempo. Como si los momentos quedaran apilados en un bloque. Un bloque indivisible. Como si ahora solamente se deba seguir la corriente. Sin encontrar un lugar, tranquilo, en el que pararse a reposar.

  El micrófono huele a cerveza. Ya he perdido la cuenta de las veces que afina su guitarra antes de ahogarse en canciones tristes a las tantas de la madrugada. Y los punteos de las cuerdas chirrían dentro. Muy dentro. La voz rasgada, cansada. Daños colaterales en el juego de no entenderse. Que los recuerdos destruyen solamente al recordar ese olor y luego no sabes cómo deshacerte del mundo. El equilibrio se perdió al buscar un atajo. Una vía de escape. Y así pasan las horas. Y suena otra introducción, una introducción a un nuevo caos. Toca otra vez viejo perdedor, haces que me sienta bien. Otro portazo. Otra puerta se cierra. Y por aquí no hay ventanas para abrir. Ojala olvidar fuese más sencillo. Y que borrar a ciertas personas no diera reparo alguno. Cegados. El muro que estamos levantando cada vez es más alto. Nos perdemos en nuestros problemas. Y nosotros nos perdemos el uno al otro. Al final, siempre divididos.


  Y se olvidó de reír. Cuentan que era estrella, pero algo acabo con ella.