Cicatrices.

La chica de la sonrisa triste le llamaban. La mirada clara pero a su vez con miles de tornados impuestos por el paso del tiempo. Hacía tiempo que evitaba los relojes. Sabía perfectamente que todo podía cambiar en tan solo un minuto. La guerra estalla cuando menos te lo esperas, pequeña.

Múltiples escalofríos por minuto sin una razón aparentemente clara. Los recuerdos se condensan en la habitación, atrapados entre el espeso humo de cada cigarro de auto-compasión. Hablar consigo misma parecía ser la mejor medicina. Un invierno permanente se palpa en la burbuja que la rodea. La espalda destrozada. Sin ningún rasguño físico aparente, cierto, pero con punzadas en el pecho cada vez que sentía la ausencia de sus manos acariciando sus numerosos lunares.

Dicen que creo un monstruo de la ausencia que le daba. De vez en cuando la podías ver resurgir de sus cenizas. Solo de vez en cuando.


“Todos los días la gente se arregla el cabello, ¿Por qué no el corazón?” Ernesto Che Guevara.