Si tuviera que rescatar algo de mi memoria autobiografica seria mi abuelo.

  Es inevitable que en ocasiones el mundo te de la espalda. Más de las que puedo soportar. Tal vez. La carga que llevamos a cuestas aumenta conforme pasan los años. Pero hay personas que te ayudan a erguirte aunque ya no estén aquí físicamente. Puedo asegurarte que permaneces en algún lugar más profundo de mí. Ese lugar que el paso del tiempo no estropea ni oxida. Mi memoria. Y mi corazón.  

  No creo ni en el cielo ni en el infierno pero desearía que pudieras escuchar mis gritos ahogados y los calmases. Necesito hablarte de alguna manera y como no sé a quién ni a que acudir me vuelco en las palabras escritas sobre un papel, con el pulso tembloroso y emborronadas por lágrimas. No puedo recordar ese día, no quiero. Era demasiado pequeña e inocente para darme cuenta de las cosas realmente importantes. Me arrepiento cada día. Debería haber salido corriendo pero en dirección a tu casa en vez de a encerrarme en mi habitación. ¿Qué más da que no reconocieses a nadie? Si ahora estuviese en mis manos te hubiese acompañado hasta en el último suspiro. No te imaginas cuantísimo te echo de menos. Odio los hospitales. Odio el puto cáncer. Odio a ese cabrón que dijo que solamente era un virus que eso no influiría en tu enfermedad. Y una mierda. ¿Sabes por que estoy ahora mismo aquí haciendo esto? Por ti. Porque me gustaría poder cuidar a otras personas como si se tratase de ti. Por cambiar la tradición, ya sabes.

  Si me lo propongo puedo sentir tu olor y escuchar tu voz en mi cabeza. Aun todavía… Puedo verte en el salón, en tu sillón al lado del hogar diciéndome que era una pequeña rubia ventilador clavadita a mi madre. Y yo obviamente soplaba y confirmaba lo de ventilador. Que era una quejica y que tenía que ir más contigo al campo. Daría cualquier cosa por unas simples palabras tuyas. Me bastaría que me dijeras lo mayor que estoy y que cuidara a mama y a la abuela que ya habían sido fuertes por todos. Como me gustaría que conocieses a la pequeña Cristina.

  Hay algo que he aprendido en este tiempo y es a ser fuerte. Por ti. Por todo lo que un día te prometí. Las personas nunca mueren si hay alguien que las recuerde. Te puedo asegurar que no morirás nunca.

  Te quiere tu nieta la quejica.