Ideales.


“Hay un rostro bajo esta máscara pero no soy yo. Ese rostro no me representa más que los músculos y los huesos que hay debajo.”

  Que cantidad de rostros diferentes. Que cantidad de expresiones, de miradas, de gestos. Olvidamos que bajo la piel se encuentran las cosas con mayor peso emocional. Que están fuera de lo que unos ojos pueden apreciar. Porque lo realmente esencial es invisible a los ojos. Cuantas cosas deberíamos aprender de los libros y de las películas. Que poco profundizamos, y aun menos valoramos. Que materialistas. Que faltos de amor. Que faltos de cariño. ¡Qué pena me dais!

   Los ideales. ¿Dónde quedan? Se encuentran ocultos tras tanto miedo, tras tanto idealismo social. He visto gente matar por ellos y morir por defenderlos. No se puede besar un ideal, ni tocarlo, ni tan siquiera
rozarlo con la punta de los dedos. Y aun menos cazarlos. Los ideales no sangran, ni sufren. Pero yo, echo de menos un ideal. Echo en falta las esperanza, la justicia y la igualdad que parece que están de vacaciones en este mundo podrido por la corrupción y el ansia de poder y fama. Justicia, igualdad y libertad son algo más que palabras. Se nos ha olvidado. Son metas que ya han volado de la palma de nuestra mano.

   Parece ser que estamos ausentes de la realidad. Hemos omitido que los artistas mienten para decir la verdad mientras que los políticos mienten para ocultarla. Se nos ha escapada el pequeño detalle de que el pueblo no debería temer a sus gobernantes, son los gobernantes los que deberían temer al pueblo.

   Mientras pueda utilizarse la fuerza para qué el dialogo… Pero omitimos que las palabras siempre conservaran su poder, las palabras hacen posible que algo cobre significado, y si se escuchan, enuncian la verdad.

   Resurge de tus cenizas. Deja de ser una marioneta de la sociedad en la cual los menos adecuados mueven los hilos. Abre los ojos. No cargues con situaciones que no merecen tu tiempo a la espalda.

  “Espero, seas quien seas, que escapes de este lugar. Espero que el mundo cambie y que las cosas mejoren.”

   Recuerda que una mente abierta puede cambiar el mundo. 



No repetir los mismos errores sería incluso divertido.

  Toda mi impotencia escribiendo una y otra vez. La cabeza dura, como una roca. Una armadura me recubre completamente, todo rebota y no salgo de mí. Tan restringida que hay pedazos de mi piel que la luz del Sol todavía no ha tocado. Las sonrisas de hierro me las remacho yo para así esquivar daños colaterales. Y lo de disipar las brumas queda fuera de lugar.

  Que ya me he embadurnado bastante con mierda. Con la de los demás. Con la mía propia. He recibido derrames inesperados. Y ahora una ya está preparada para cualquier cosa. Recibir portazos, palabras frustrantes. Que te dejan con cara de inútil. Silencios que te reconcomen las entrañas. Y te sientes pequeña, insegura.  Las balas perdidas que te dan en el pecho. En un golpe seco. Provocando una herida contusa. Difícil de desinfectar. Las llagas más profundas se encuentran en el interior. La inocencia se pierde con el paso del tiempo y los golpes.

  No repetir los mismos errores sería incluso divertido. Pero tengo la manía de caer siempre en el mismo lugar. Como una ludópata atascada en mitad del juego de su vida. No me di cuenta de lo que era hasta que solamente quedaban palabras suspendidas en el aire, dando vueltas, lentamente, que se empeñaban en ametrallar mi cabeza.

  El problema aquí es que hay personas que creen que están por encima de la evaluación continua, que pueden volver cuando les plazca. Y sobre todo, que hagan lo que hagan siempre poseerán en mismo papel en tu vida. Quizás lo más terrible es que con solamente conocerte un poco creen que pueden juzgarte. Podríais contar mil anécdotas, cualidades, defectos. Pero seguiréis sin haceros una idea de lo que hay detrás.

 Escuchamos desde pequeños que tenemos que ser, imponiendo con fuerza lo que hay que querer. La vida tiene sus fases, con múltiples elecciones. Eres tú quien debe escoger. Rompe los esquemas. Recréate.

  Decide que es importante, que te hace sentir vivo, que quieres tener a tu lado. Pero sobre todo ten claro lo que no quieres tener cada día cargado a tu espalda.

  Yo decidí seguir adelante. A trompicones. Como puedo, intentando evolucionar. Con cinco motivos para mantenerme erguida, que a veces flojean, pero es lo que hay. Uno está fuera de batalla, pero a veces la mente es más fuerte que lo físico y visual. Lo dejo a libre interpretación.

  Buscar vuestros motivos, volcaros en ellos. A veces es necesario ver que estas en deuda con ellos porque fueron los únicos que te dijeron “Eh, sonríe joder” cuando tú lo último que querías era levantar la vista del suelo. Dejaros la piel por lo que verdaderamente merece la pena. Que aunque no estén, sigan aquí. Yo ya me entiendo.

  Recuerda de manera especial. Y haz que te recuerden de la misma manera. Si no, no habrá merecido totalmente la pena.