No repetir los mismos errores sería incluso divertido.

  Toda mi impotencia escribiendo una y otra vez. La cabeza dura, como una roca. Una armadura me recubre completamente, todo rebota y no salgo de mí. Tan restringida que hay pedazos de mi piel que la luz del Sol todavía no ha tocado. Las sonrisas de hierro me las remacho yo para así esquivar daños colaterales. Y lo de disipar las brumas queda fuera de lugar.

  Que ya me he embadurnado bastante con mierda. Con la de los demás. Con la mía propia. He recibido derrames inesperados. Y ahora una ya está preparada para cualquier cosa. Recibir portazos, palabras frustrantes. Que te dejan con cara de inútil. Silencios que te reconcomen las entrañas. Y te sientes pequeña, insegura.  Las balas perdidas que te dan en el pecho. En un golpe seco. Provocando una herida contusa. Difícil de desinfectar. Las llagas más profundas se encuentran en el interior. La inocencia se pierde con el paso del tiempo y los golpes.

  No repetir los mismos errores sería incluso divertido. Pero tengo la manía de caer siempre en el mismo lugar. Como una ludópata atascada en mitad del juego de su vida. No me di cuenta de lo que era hasta que solamente quedaban palabras suspendidas en el aire, dando vueltas, lentamente, que se empeñaban en ametrallar mi cabeza.

  El problema aquí es que hay personas que creen que están por encima de la evaluación continua, que pueden volver cuando les plazca. Y sobre todo, que hagan lo que hagan siempre poseerán en mismo papel en tu vida. Quizás lo más terrible es que con solamente conocerte un poco creen que pueden juzgarte. Podríais contar mil anécdotas, cualidades, defectos. Pero seguiréis sin haceros una idea de lo que hay detrás.

 Escuchamos desde pequeños que tenemos que ser, imponiendo con fuerza lo que hay que querer. La vida tiene sus fases, con múltiples elecciones. Eres tú quien debe escoger. Rompe los esquemas. Recréate.

  Decide que es importante, que te hace sentir vivo, que quieres tener a tu lado. Pero sobre todo ten claro lo que no quieres tener cada día cargado a tu espalda.

  Yo decidí seguir adelante. A trompicones. Como puedo, intentando evolucionar. Con cinco motivos para mantenerme erguida, que a veces flojean, pero es lo que hay. Uno está fuera de batalla, pero a veces la mente es más fuerte que lo físico y visual. Lo dejo a libre interpretación.

  Buscar vuestros motivos, volcaros en ellos. A veces es necesario ver que estas en deuda con ellos porque fueron los únicos que te dijeron “Eh, sonríe joder” cuando tú lo último que querías era levantar la vista del suelo. Dejaros la piel por lo que verdaderamente merece la pena. Que aunque no estén, sigan aquí. Yo ya me entiendo.

  Recuerda de manera especial. Y haz que te recuerden de la misma manera. Si no, no habrá merecido totalmente la pena.