Atardecer de primavera, café y un buen libro.



Todo lo que se sobre la vida podría contártelo un atardecer de primavera cualquiera. En una terraza con buenas vistas, con vistas a todo lo que el ser humano está destrozando. Con un café bien cargado de ilusiones, como las hojas que florecen en el árbol más cercano. Y con un buen libro entre las manos. Sería capaz de dejar de leer solamente para contarte todo lo que me enseñaron los libros que han hecho que mis ojos se tornaran llorosos, la música que inundo todos y cada uno de mis poros y las experiencias vividas. Con el corazón y no con el cerebro que nos suele frenar. 

Sé que todos y cada uno de nosotros tiene una fachada. Y que con el paso del tiempo y de las circunstancias, los muros que rodean nuestras fortalezas se hacen inquebrantables. Y también que llegará alguien y tú te preguntaras que quien coño se cree al intentar derrumbar los muros que tantos años llevas construyendo. Y sorprendentemente arrasa con todo. Descompone todos tus cimientos. Rompe todos tus jodidos esquemas, tus yo nunca, tus prejuicios y tus frenos. Acelera tu vida de una manera imprevisible. Y aunque deje heridas profundas en ocasiones, siempre habrá merecido la pena. 

Sé que las conversaciones arreglan vidas, resucitan. Que tenemos que hablar más de las cosas que realmente importan. Que los silencios son los que separan. Callarse es cada vez más inadecuado y peligroso. En varias ocasiones sentirás que has dicho las cosas demasiado tarde. Y que hay cosas que no tienen remedio. Que cuando pierdas el tiempo con gente que no merece la pena entenderás que no siempre el roto y el descosido se llevan bien. Y que pasar el tiempo contigo mismo no es necesariamente una pérdida de tiempo. Al revés, conoces más a la persona que te acompañara de tu cuna a tu tumba. Que deberíamos decir las cosas cuando las sentimos. Y debe darte lo mismo si caes bien, mal o regular. Que si para caer bien a alguien tienes que ser una cosa distinta debería prepararse para aguantar. Y si no es así debes mostrarle caballerosamente donde está la puerta. Cuenta con los principales, a partir de ahí todo es mentira.

Que para seguir adelante deberás tener más sueños que recuerdos. Que es la única manera de seguir vivos. Que si quieres vivir hay que olvidar ciertos sentimientos que te hacen meter los pies en un pozo sin fondo. Y de ahí sí que no hay manera de salir. Arrepentimiento, culpa y preocupación son palabras que deberían desaparecer de este planeta. Que nos deberíamos centrar en conseguir todos y cada uno de los días la curva más bonita que existe. Tu sonrisa.

Si de algo estoy segura es de que vas a sufrir. En el contrato de la vida el sufrimiento está asegurado. De una forma u otra ya que el dolor no es siempre como pensamos. Lo que duele es la ausencia, cuando alguien decide marcharse de tu vida pero no del todo. Lo que duele es la distancia, los abrazos que se pierden. Lo que duele son las vidas de menos, el que alguien se vaya de tu vida, no porque él lo ha decido si no porque algo se lo ha llevado de aquí. Lo que duele es cuidar de los que se quedan, sin saber cómo hacer para que de alguna manera consigan remontar. Lo que duele es todo aquello que dejamos atrás. Lo que duele es que inventen razones, que hagan cosas con el mero propósito de herirte. Lo que duele son las críticas que no tienen nada de constructivas, simplemente como pasatiempos. Y me pregunto ¿Qué sabrán ellos?

Sé que tu peor enemigo va a ser el miedo. Míralo bien. Llegará el día en que tengas que enfrentarte cara a cara con él. Miedo al que dirán, al pasado, al presente. Miedo escénico, miedo a que te hagan daño. Miedo a sufrir, a la oscuridad. Miedo a equivocarse, miedo a enfermar. Miedo a morir.

Que te vas a morir. A ciencia cierta lo vas a hacer al menos una vez. Pero espero que no seas de aquellos que se van muriendo poco a poco antes de hacerlo definitivamente. Que van vagando por la vida como seres inertes. No caigas.