Que lo que tenga que volver, volverá. Y lo que no, dolerá durante un ratito más. Pero cicatrizara.



“Me balanceo en hilos de coser, estoy a punto de caer. Apuras el café, apartas el diario y te vas. Agarras calendarios y te mientes, y al romperlo pretendes al tiempo engañar.” María Rozalen.
  

Parece que los astros le han jugado una mala pasada. La mayor parte del tiempo lo pasa a ras del asfalto. Con las rodillas magulladas y arañadas, de tanto arrastrarse para seguir sobreviviendo. Después de tantas caídas sin freno, a una velocidad abominable, desde tanta altura se sigue preguntando como todavía le quedan huesos sin partir. Como es capaz de con tiempo y sangre fría recomponer cada uno de los pedazos de sus órganos. O lo que queda de ellos. 

Los años, en realidad, los daños le han creado una coraza demasiado fuerte de cara al exterior. Cuenta la leyenda, que de vez en cuando la deja guardada en un cajón, por un tiempo efímero. Cuando siente que le flaquean las fuerzas, con su conducta evitativa que la caracteriza, vuelve corriendo a recogerla. A atarsela con cadenas. Mas fuerte todavía. Dicen que es demasiado precabida. También se rumorea que se rompe en mil pedazos, que en realidad es ella la que se autodestruye.

El muro cada vez es más alto, ni tan siquiera un ejército será capaz de demolerlo. Tras tanto martillazo contra el por fin lo ha comprendido. Cada golpe, pesa más. Múltiples escalofríos sin una razón aparente. Dicen que el sol empieza a asomar. Pero quizás, tal vez, el invierno constante en la piel sea lo que a ella más la caracteriza. 

Es demasiado arriesgado asomarse a unos precipicios tan vertiginosos e incomprensibles. Y del orgullo mejor ni hablamos. Se ha tirado por la borda. Se ha suicidado. Al igual que es un acto prácticamente suicida el confiar. O tal vez no. Quién sabe.  

Y es que la vida, al fin y al cabo es eso. Contradicciones. Una espiral enfermiza. De angustia. De silencio. De vacío. De mediocridad. Y de pequeñas motas de luz. Y de alegrías. 

Dicen que cuando ríe, es de verdad. Que lo hace todo con el corazón. Que siempre se enzarza en eternas discusiones con su maldito cerebro. Cuando da algo, lo da todo. No existen los intermedios en su vida. Que quizás por eso esta tan rota. Pero le da igual. Cuando vive, lo hace de verdad. A veces es cobarde, a veces valiente. Y es suficiente. 

Que lo que tenga que volver, volverá. Y lo que no, dolerá durante un ratito más. Pero cicatrizara.