La próxima vez sera con el pijama gris, al fin.

Con mucho sudor aprendí que el quitagrapas no está hecho para zurdos y que finalmente tendría que sucumbir al maldito mundo de los diestros. Se me escapo una lagrima cuando finalmente logre canalizar mi primera vía. Quien me diría que terminaría pinchandolas de rodillas. Se que aunque me ofrecieses todas tus venas y me sonrieras, me odiaste cuando tu vena frágil se rompió, pero te aseguro que yo me odie más. Las gasometrías arteriales consiguieron ser nuestro calvario, porque tu arteria se escondía y tu hueso siempre venía a saludarme. Has visto en mi cara como me dolía hacerte daño e incluso has llegado a preocuparte porque yo no me sintiera mal.
Te calente el desayuno cuando volvías de esa prueba del punto de la mañana, que para variar llevaba retraso. Te ayude a comer cuando tu cuerpo frágil apenas lo permitía. Me has querido emparentar con tu nieto o con tu hijo. Y me has metido caramelos y bombones en los bolsillos porque yo no quería cogerlos. Todas las mañanas.Te he tenido que recordar tres veces cada día donde estábamos y cómo me llamaba.
Me he mareado al ver el primer parto. Me he emocionado al ver nacer a tu bebé y se me ha caido el alma al suelo cuando las cosas se torcian. He sido la maldita persona que le ha dado su primer pinchazo y que por ello le ha hecho llorar desconsoladamente. He reído contigo cada vez que me pedias perdon porque me apretabas la mano demasiado fuerte, pero esas contracciones eran lo peor del mundo. Y también te he visto llorar cuando perdias de manera involuntaria a tu bebé tan esperado y la pena se ha venido conmigo, a acompañarme a pensar.
He dado a tus hijos jeringas para que te mojen mientras realizaba tu control rutinario en la consulta. Te he enseñado cómo cuidar tu diabetes aunque tras mucho insistir sabía que te darias algun “caprichico”, que una vez al año no hace daño.
He cuidado tu salud mental y me he sumido completamente en vuestro mundo. He aprendido a no juzgarte y a entenderte. A no generalizar y a conocerte, para poder tratarte.Te he ayudado a integrarte en una sociedad que te planta muros difíciles de derruir. Con tu depresión mayor, externo al mundo y las relaciones interpersonales, he logrado que me miraras a los ojos y me sonrieras. Y juro que jamás he sentido una satisfacción tan grande. He llorado con las notas de despedida que me escribisteis y que guardo con gran cariño.
Te he administrado tu primera quimioterapia. Me he quedado acompañandote y explicandote todo el proceso. Me he sentado contigo a hablar de lo efímera y bonita que es la vida. Y de lo que muchas veces te quita. He tenido que contener las lágrimas cuando me transmitias el miedo que te daba que tus hijos te vieran sin pelo. Se me ha encogido el corazón cuando tu enfermedad progresaba. Y me llenaba de alegría cuando el tratamiento funcionaba.
He corrido al ver que tu respiración se paraba y he utilizado el ambú repitiendome a mi misma que todo iría bien, dandote animos para quedarte.También te he visto marcharte, te he visto apagarte poco a poco. Hasta que finalmente te marchaste, y yo te miraba con la falsa esperanza de que volverías. También me he despedido de ti cuando te daban el alta hospitalaria y tú me deseabas los mejores puestos de trabajo del mundo.