Atrévete a ganar

Deja de ser la sombra de tus sueños. Cumplelos. Hazlo. Levántate de ahí vamos, sal a la calle y cómete el mundo. Por si no lo sabias hace rato te estaba esperando. Quiere dejar de posarse sobre tus hombros, no quiere que cargues con toda esa mochila. Apárcala. Ya ha dolido suficiente. ¿Dónde está tu resiliencia? Vamos enseñala. Enséñale los dientes al mundo.


Inclínate para sentir el asfalto, porque te aseguro que vas a caer una y mil veces. Entrena para conseguir levantarte.


Y Pierde. Llora. Frustrate. Equivocate. Con todas las letras y en mayúscula. E-Q-U-I-V-O-C-A-T-E. Es una preciosa forma de crecer. Renace de tus cenizas. Aunque no lo creas, la fuerza se encuentra inmersa en ti. Escuchate. Buscala. Y recuerda también que todo el mundo se equivoca. Hay que aprender a pedir perdón, y a perdonar.


Aprender a dejarle marchar, déjate volar. Y si algún día te emana ese pálpito, que tan bien conoces, no lo dudes. No huyas como has hecho otra veces. Atrévete y hazlo. Vuelve puesto que nunca es demasiado tarde si algo es real y bonito.


No huyas cuando alguien está herido, quédate en el proceso, hasta que las cicatrices dejen de sangrar y se curen. A veces, incluso es necesario que te armes de valor y enfundes hilo y bisturí.


Párate un segundo y hazle frente a tus miedos. No puedes convertirte en una sombra vaga de lo que eres porque el miedo venga a darte los buenos días.


Haz que no te entiendan, qué es lo verdaderamente mágico. Y tu tampoco te entiendas. En ocasiones puede ser la solución a todas las espirales que hacen borroso el camino.


Rompe ciclos, explota. Ojala tu vida sea una explosión continua de sentimientos. Buenos y malos. Una maravillosa traca con fuegos artificiales de todas las formas existentes. Y si no dime para qué estamos aquí.


Te recuerdo que quedan muchas sonrisas por delante. Vamos, regalame una, de esas que tu sabes.

Hazlo, siempre con el corazón, y ganarás.